lunes, 24 de octubre de 2011

¿Por qué el arte digital y los contextos se apropian del aula?


Pensar en el arte digital como concepto, como práctica, como manifestación y como relato implica pensar en otras cuestiones (que están totalmente imbricadas) con la definición de arte digital. Cuestiones relacionadas con la educación, la democratización, los contextos de producción actuales.

El arte digital es un nuevo relato, un nuevo modo de decir y de pararse en el ámbito artístico y educativo. Tiene diferencias técnicas, contextos y conceptos con respecto a las manifestaciones artísticas tradicionales, porque rompe con el esquema establecido, ruptura que no se produce con el afán de destruir, sino con el de diversificar y aportar al campo artístico, cultural y educativo. Manifestación artística en coherencia con los contextos de producción actuales, con las realidades sociales del momento. Manifestación artística que acompaña un proceso cultural, que muestra otras visiones, que se pluraliza, que se sale del campo, y que implica otras realizaciones, otros tiempos, otros espectadores y productores y otras mentalidades. Ahora los “artistas”, “los productores culturales”, “(…) los creadores retomaran el camino de la iniciación para la confección de nuevos saberes, de nuevas competencias, de nuevas visiones del mundo”.

Al hablar de arte digital deberíamos hablar de propuestas que aporten al campo cultural, que acorten brechas, que incluyan, que detecten formas de enunciación capaces de forjar nuevas coordenadas de lecturas y de dar existencia a representaciones o propuestas inéditas. El arte digital entonces es un nuevo lenguaje, una nueva forma de enunciación, es un “hacer cosas” con imágenes, y acompaña los “imaginarios mutantes” actuales.

¿Por qué el arte digital en el aula?

Hoy en día hay una fuerte relación entre el arte y la tecnología, tal como se mencionó anteriormente el arte avanza con una fuerte relación con el contexto social, por ello dicha realidad social, dicho contexto debería entrar al aula e incluir a los alumnos en la producción, reflexión, y expectación.

Este nuevo lenguaje, que la mayoría de las veces viene de antemano aprehendido por los actores escolares, debe entonces hacerlos protagonistas de su realidad, de su estar en el mundo, de su contexto, para analizarla, criticarla, cambiarla, soñarla. Por un lado de esta manera generaríamos una democratización de la cultura en el aula, y la diversidad de experiencias y producciones relacionando el ámbito real de los alumnos, con el virtual y con la institución educativa.

Estos cambios radicales implican un doble esfuerzo por parte de los docentes, un trabajo interdisciplinario y en equipo para derribar más rápido los juicios, los discursos conservadores, las trabas estatales y escolares. Primero entonces es fundamental el proyecto y las ganas de querer otra aula, pero hay que luchar también contra los grandes “contras”. ¿Cómo trabajar lo digital cuando una institución educativa carece de conexión a internet? ¿Cómo exigirles a los alumnos el trabajo en sus domicilios cuando muchas realidades sociales muestran que no todos tienen un acceso gratuito al wi-fi? Por ello la clave es armarse de un equipo para reflexionar y buscar las salidas más rápidas y el convencimiento de los alumnos en proyectos duraderos.

El debate queda abierto, justamente eso es lo que los docentes deberían propiciar: el debate, la escucha, propuestas, visiones diferentes, para fortalecernos, para informarnos y para reflexionar.

El arte digital se apropia del aula en la medida de que los docentes se hagan cargo de su rol, trabajen y se formen para introducir en el ámbito educativo el ámbito social. La escuela no es un claustro cerrado, el aula debería mostrar realidades, discursos, libertades, y propiciar la reflexión y la participación de los alumnos en la sociedad.

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